En
el fondo muchos de nosotros sabemos que aunque existan explicaciones
científicas y exactas a este órgano, preferimos seguir soñando con
la posibilidad de algo tan grande y hermoso como la palpitación de
los sentimientos.
Me
gusta pensar en el corazón como una caja en la que se guardan tus
mayores metas, los más atroces miedos, los añorados recuerdos o los
tesoros más valiosos. Con cada decisión que tomamos o camino que
escogemos para seguir creciendo, el corazón lo siente, sufriendo o
regocijándose por ello. Dentro de él van millones de latidos, todos
igual de importantes, en los que en resumidas cuentas están marcados
cada uno de nuestros pasos, de nuestra huella.
Es
curioso ver cómo a veces te habla alto y claro, dejándote
constancia de no aceptar un rechazo a su intención; otras veces
parece tímido e incluso avergonzado a darte una revelación que se
le ha escapado a él mismo de las manos; hay momentos en los que se
muestra confuso, tanto que es capaz de reaccionar de un modo
totalmente descompensado a lo que tú realmente eres en esencia. Sin
embargo, cuando es consciente de su propio error, de un modo u otro
trata de repararlo acorde a nuestro propio modo de ser.
Su
lucha constante por vivir, por seguir bombeando a todas las
velocidades o tonos imaginables, es admirable a ojos de cualquier
otro órgano. Sabe que el equilibrio puede desaparecer en cualquier
momento pero eso no le tira hacia atrás, sólo continúa hasta
afrontar el momento exacto de la dificultad. Comprende que cualquiera
de sus reacciones nos afectará en lo más profundo de nuestra
existencia y trata de ser coherente y responsable con ello. Sin
embargo nadie le advirtió que las emociones podían llegar a ser tan
intensas y si se ve desbordado deja salir todo el torrente de
sensaciones que se acumulan dentro de sí mismo y así dejar hueco
para nuevas. Las personas a veces no terminamos de comprender su
necesidad e incluso tratamos de retenerla, tragarnos su súplica. No
obstante es tan poderoso que no se rendirá tan fácilmente y de un
modo u otro hará material ese sentimiento.
Hay
seres humanos que lo siguen con vehemencia, sin importar a dónde
será capaz de embarcarlos, pues su admiración es tal que prefieren
seguirlo sin rechistar ante la idea de cumplir sus propios deseos.
Otros prefieren simplemente ignorarlo, cerrar con llave cualquier
tipo de comunicación con él pues su idea es la de una máquina
disparatada capaz de arruinar cualquier signo de razón dentro de sí
mismos.
Creo
que el corazón no está hecho para ser adorado con vesania ni para
ser ignorado con obcecación. El corazón surgió de la
materialización de nuestros deseos más profundos, como medio de
comunicación de nuestros sentimientos o del celo de nuestros
temores. El corazón surgió para razonar junto a él, llegar a
conclusiones y equilibrar la mejor decisión posible. Por ello, y
gracias a tu propio intelecto eres capaz de distinguir el momento
preciso y la causa adecuada. Nunca te doblegues ante él pero tampoco
ignores sus gritos desesperados.
Pulsación o pulsión, he ahí la cuestión.
ResponderEliminarBuen símil :)
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar